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La búsqueda del peregrino

La búsqueda del peregrino

Desde las estepas del Cáucaso y las tierras de los Moros, de la villa más pequeña en Xinxiang y la más lejana en Brasil, de África negra, de Asia morena y la Europa blanca, de todas las razas y lenguas, millones de personas, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, pobres y ricos, individualmente o en grupos, usando todos los medios de transporte, se dirigen cada año y al mismo tiempo hacia el mismo destino especifico, buscando el mismo objetivo.

Sus corazones aspiran a conectarse y ser aceptados, temen ser rechazados y anhelan ser llenados por el Iman (la fe). Con un deseo ardiente, cada célula de sus cuerpos palpita con la promesa de morar por unos días en “un valle infértil” cerca de la Casa Sagrada de Bakkah, la cual ellos circunvalarán humilde y deseosamente, tal y como Su Señor Ha Ordenado, y confiando en que serán transformados.
Estos son los Huyyay, los peregrinos musulmanes, quienes vienen cada año desde los más lejanos parajes para dar testimonio con su humilde y austera presencia de su inquebrantable esperanza en la misericordia de Su creador, y para renovar, en nombre de todos nosotros, el indivisible compromiso de su Ummah [comunidad] para con su Señor.
Cada año sólo una fracción de nosotros consigue materializar la mayor ambición ritual de toda la vida. ¿Cuántos peregrinos pasaron toda su vida ahorrando cada centavo para unirse a otros que han hecho lo mismo? Allí en Makkah, en la Ka’bah, entre Safa y Marwah, en Muzdalifah, en ‘Arafat, en Mina, el peregrino está divinamente enlistado en las filas de la elegida elite espiritual, no solo en el momento presente, sino a través de los principios de la humanidad. Pues en ella han pisado y pisaran las más grandiosas luminarias de todos los tiempos: El Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, Isma’il e Ibrahim, Hayar, Noé y así hasta el principio de la humanidad, a nuestra madre Eva y nuestro padre Adán, quien estableció a la Ka`bah como la primera Casa de Dios en la tierra. Y, sí, cuando Jesús regrese, realizará el Hayy.
En una ironía espiritual, creyentes desconocidos se embarcan en un muy deseado y espectacular viaje, uno que les conferirá la ilustre distinción de no poseer distinción mundanal alguna, pues esa es la indefinible marca de aquellos que visitan exitosamente la Casa Antigua: volverse "indefinidos" y, por lo tanto, recuperar su verdadera identidad perdida: la de hombre creyente.
El peregrino remueve con sinceridad y gusto toda señal de diferencias físicas y mundanales. Luego, junto a cualquier otro musulmán, unifica la intención primordial de la abyecta e inequívoca afirmación de la Unicidad absoluta del Único Señor del ser humano. Luego, como un gigantesco y humilde cuerpo, él, ellos, se mueven de ritual en ritual como uno solo, buscando ser perdonados y purificados, un regreso al estado inmaculado en el que el ser humano fue realmente creado. Y el perdón es exactamente lo que consiguen, en el comienzo mismo de su adoración, en ‘Arafat.
¡Cuán maravillosa es la gracia de Al-lah! Por cada acto que uno realiza por obediencia, Al-lah Da una recompensa distinta, pero solo después que es completado, excepto por el Hayy. Su premio mayor es otorgado en el momento que su primer ritual comienza.
El Hayy es único en innumerables maneras, y el Corán anima a los musulmanes a darle su más rigurosa consideración y contemplación. Esto, debido a que los actos del Hayy están llenos de significados a ser descubiertos y resultados únicos.
He aquí un viaje que conecta a la tierra con el cielo, historia con geografía, el pasado con el futuro. “Hayy es”, como lo expresa un erudito, “convertirse en un extraño para sí mismo, con uno mismo, por uno mismo. Hayy es en todo en esta vida y la próxima. Es una deuda que tenemos con Dios y nuestro viaje hacia Él para que la Perdone.
El Hayy es el más intenso seminario en comunidad, dándonos la perspicacia permanente para establecer comunidades duraderas. En esencia, es acerca de la familia, magnificando el rol central de la misma, enfatizando la nobleza de la madre, el beneficio de la progenie, la ardua, y a menudo malentendida, responsabilidad del liderazgo paterno. Esto, ya que el Hayy conmemora la misión familiar del Profeta Abraham, reconstructor de la Casa Sagrada, su esposa Hagar, quien emigró con él por la causa de Al-lah a los confines de una tierra desolada, y su hijo Isma’il, contento con el decreto de Al-lah, en conformidad con el esfuerzo de su padre de cumplirlo.
Observemos el increíble valor de la familia. Guardados para todo el tiempo entre relaciones entre marido y mujer, entre hijo y padre.

El Hayy es acerca de regresar a nuestras raíces, empezar con el propósito de delinear el final y preguntarnos las dos más importantes preguntas de los mortales: ¿Dónde comienza? ¿Dónde finaliza?

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