La ecología y los valores islámicos (parte 2 de 4)

La ecología y los valores islámicos (parte 2 de 4)
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Amando y viviendo con la creación de Al-lah
Pensemos en algunas de las formas en las que la orientación espiritual islámica y sus normas concretas para la vida social y económica ofrecen soluciones potenciales a los problemas específicos que enfrentamos.
El Islam nos pide que nos sometamos a Al-lah, que nos dobleguemos hacia nuestro Creador como una caña se dobla al viento. Dicho de otro modo, esto sugiere que debemos vivir con una naturaleza divinamente ordenada, no oponernos a ella. No debemos esforzarnos en crear ambientes radicalmente artificiales, sino que debemos adaptarnos de manera más flexible a los ambientes naturales que tenemos. Al-lah nos ha facilitado esto de muchas maneras: se nos ha dado un calendario lunar para mantenernos en contacto con los ritmos lunares, y un sistema de cronometraje diario basado en el Sol, cuya posición es la clave para los tiempos de las cinco oraciones diarias. Al orientar nuestro marco de tiempo en torno a estos sistemas proporcionados divinamente, nos movemos automáticamente en armonía con los ritmos solar y lunar que están, de acuerdo con el Corán, entre las señales más poderosas de Al-lah.
A un nivel más mundano, debemos hacernos preguntas como: ¿Vivir en armonía con la naturaleza significa que debemos abandonar el aire acondicionado? Sin duda, si alcanzamos la gratitud y la paz interior por la gracia de Al-lah, estaremos menos desesperados por hacer que cada detalla de nuestra existencia física sea lo más cómodo y lujoso posible. Dado que el aire acondicionado siempre será un lujo que solo un pequeño porcentaje de la población humana podrá permitirse, quizás deberíamos al menos ser equilibrados (y agradecidos) en nuestro uso de este, y tratar de utilizar nuestra riqueza en alimentar a nuestros semejantes hambrientos. Del mismo modo, debemos construir modestamente con materiales locales y naturales, y comer modestamente usando alimentos naturales de producción local. Debemos utilizar el transporte mecánico con moderación, prefiriendo tanto como sea posible los medios de transporte ecológicos, que no sean contaminantes y no utilicen combustibles fósiles, como caminar y andar en bicicleta; y limitar tanto como sea posible transportarnos en automóviles privados.
Activismo social y político
Sin embargo, ninguna de estas acciones individuales salvará el planeta si este continúa siendo dominado por explotadores despiadados. Tenemos que convertirnos en activistas ambientales islámicos, organizados y movilizados por causas ambientales e islámicas, y mostrando cómo ambas están estrechamente vinculadas. Al demostrar preocupación por nuestro planeta y compromiso en la búsqueda de soluciones, estaremos dándoles a todos una imagen positiva del Islam. Juntos, el creciente ejército de ecoguerreros y el despertar de la Ummah (nación) musulmana, llevarán los estandartes verdes del Islam y el ecologismo a todos los rincones del planeta, creando la base para una sociedad sostenible, equilibrada y armoniosa en el futuro.
Conceptos coránicos: La fuente más profunda y pura de sabiduría ambiental
El balance (Mizán)
Literalmente “la balanza”. La palabra mizán expresa la armonía de la creación de Al-lah. Expresa el equilibrio perfecto y la justicia absoluta de la creación, que los humanos, como vicarios, están obligados a ayudar a mantener. Al-lah dice: {El Sol y la Luna siguen una órbita precisa, y las hierbas y los árboles se prosternan [ante Dios]. Elevó el cielo, y estableció la balanza de la justicia para que no transgredan el equilibrio [de la equidad]} [Corán 55:5-8]. Los humanos deben ayudar a mantener el equilibrio cósmico, actuando de manera justa con la naturaleza, así como entre ellos. El entorno construido y el entorno natural deben estar en perfecta armonía, como lo sugiere el hecho de que mizán también significa “diseño de suelo” en la arquitectura. La arquitectura tradicional islámica, en especial la arquitectura de mezquitas, armoniza edificio, paisaje y cielo de maneras maravillosas. El arquitecto más famoso e influyente del siglo XX, Frank Lloyd Wright, se basó en gran medida en la arquitectura islámica tradicional mientras revolucionaba la arquitectura occidental. Wright se negó a construir la cajas cuadradas habituales que se acuclillan como presencias alienígenas en el paisaje. En lugar de ello, utilizó formas elegantes derivadas de las islámicas para armonizar y equilibrar el interior con el exterior, la construcción con el paisaje y la humanidad con el resto de la creación.
Ayah: Señal
La palabra ayah significa “señal” y también “versículo coránico”. La primera forma en que los primeros musulmanes reconocieron que el Corán es la palabra de Al-lah, fue debido a la belleza milagrosa de sus aleyas. Del mismo modo, el Corán nos invita a mirar la belleza del mundo que nos rodea como un signo que señala a su Creador. Estamos destinados a “leer” estas señales y obtener un conocimiento y una apreciación cada vez más profundos de la creación misma, y en especial, del Creador Quien puso dichas señales frente a nosotros. La revelación coránica comenzó con la orden iqra (¡lee!). Esto le ordenó al último Mensajero de Al-lah, Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, a comenzar a leer/recitar las palabras de Al-lah. También le ordenó a la gente a la que le fue enviado el mensaje a alfabetizarse, y en pocas generaciones el árabe, con el Corán como su influencia central, se convirtió en el principal medio de expresión escrito del mundo. Finalmente, a un nivel más general, iqra ordena a todos los seres humanos a “leer” el libro de la creación de Al-lah, a descifrar su verdad y belleza, que siempre señala más allá de sí mismo, hacia su Creador. Si miramos el mundo a nuestro alrededor como un panorama siempre cambiante de signos de Al-lah, en lugar de un montón sin sentido de materia bruta, lo contemplaremos con asombro y actuaremos como administradores cautelosos y respetuosos, en lugar de explotadores hiperactivos y transgresores.
Haram: Prohibido, fuera de límite
El concepto de haram, cuyo significado legal es “prohibido”, sugiere la necesidad de establecer límites que no deben ser transgredidos. Tradicionalmente, lo haram fue la parte íntima de la casa, que estaba fuera de límite para los extraños y visitantes casuales. Los occidentales colonialistas, deseando transgredir todos los límites que encontraban en las tierras que invadían, proyectaron sus propias fantasías sobre las áreas privadas del hogar musulmán, dándole a esta palabra inocente un significado salaz. Pero la palabra original árabe, con su implicación de que a veces es necesario establecer límites, es lo que la cultura occidental realmente necesita tomar prestado del Islam. Entre los lugares donde hay que trazar límites y se deben reservar espacios se encuentran las áreas naturales restantes de la Tierra. Parques naturales, reservas de caza, áreas silvestres, etc., son absolutamente esenciales para el futuro de nuestro planeta. Sin embargo, cuando un gobierno secular dice: “No traspasar esta área porque la ley así lo dice”, mucha gente, llevada por la codicia o la desesperación, no escuchará. Bajo el sistema islámico, cuando un área es declarada haram y se invocan preceptos coránicos para protegerla, los musulmanes estarán mucho más predispuestos a sacrificar sus intereses inmediatos y respetar las líneas que no deben ser cruzadas. Este es solo un ejemplo de cómo la ley sagrada, que toca nuestros corazones y lleva el autorización de Al-lah, es más efectiva que la ley secular, que requiere ejércitos cada vez más grandes de policías, soldados y burócratas cada vez más corruptos, y de prisiones para tratar de imponerse. En la ausencia de la guía de Al-lah, el ser humano se cree autosuficiente y ello lo lleva a violar los límites. Al-lah dice: {No obstante, el ser humano se excede cuando se cree autosuficiente. Pero todos habrán de comparecer ante tu Señor} [Corán 96:6-8]. Cuando los humanos entienden que no son autosuficientes, sino que están completamente indefensos y dependen de un mundo natural maravillosamente hermoso e inimaginablemente complejo (un mundo natural que, como nosotros, depende totalmente de Al-lah hasta para la existencia de la partícula subatómica más pequeña), se asombran y aceptan los límites que sostienen el equilibrio (mizán) de la creación de Al lah. 

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