La dignidad, el rasgo de los piadosos

La dignidad, el rasgo de los piadosos
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 Las alabanzas sean para Al-lah, Señor y Creador del universo, y que Su paz y Sus bendiciones sean con el Profeta Muhammad, con todos sus familiares y todos sus discípulos.
Es propio del musulmán aferrarse a los rasgos nobles que adornen su personalidad, y abandonar todo lo que lo deshonre y desacredite.
Uno de los rasgos nobles que corresponde a la personalidad del musulmán es el waqar (la dignidad). Podemos decir (con razón) que la dignidad es un atributo moral generado por aferrarse a una serie de nobles modales, como la tolerancia, la serenidad, la compostura, la dulzura y la firmeza. Por eso se definió como: “Gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”.
Al Yahiz lo definió de la siguiente manera: “Abstenerse de la charla inútil, de la frivolidad, de los gestos y movimientos innecesarios. Controlar la ira, escuchar atentamente antes de preguntar, pensar antes de responder, evitar la prisa y la prontitud en todos los asuntos”.
La Shari’a islámica pura tiene mucho interés en que los creyentes se adornen con la dignidad. Con respecto al establecimiento de una de las obligaciones claves en el Islam, el Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, instó a los musulmanes para que se aferraran a la dignidad. Él, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Si escuchas el iqama (segunda llamada a la oración), camina hacia la oración con tranquilidad y dignidad, y no apresures tu paso (para unirte a la oración en congregación). Realiza de la oración lo que alcances (es decir, con el Imam) y completa lo que debas”.

Si los musulmanes comunes deben aferrarse a la dignidad, los sabios y los musulmanes devotos deben aferrarse a ella con mayor razón. Tal era la práctica de los sabios de la época de los predecesores piadosos. Un ejemplo es el Imam Malik, que Al-lah lo tenga en Su misericordia; cada vez que relataba un hadiz a sus estudiantes, se aseaba, se perfumaba, peinaba su barba y vestía su mejor ropa. Al-lah, Exaltado sea, le otorgó una gran posición de dignidad, a tal punto que se compusieron los siguientes versos de poesía sobre él: “A veces no respondía a las preguntas que le planteaban, y los interrogadores no se atrevían a recordárselo por el respeto que le tenían, y mantenían la cabeza baja. Estaba dotado de la luz de la dignidad y del honor de la piedad; respetado como un rey sin serlo”.

Aferrarse a la dignidad fue el consejo que Ibn Mas’ud, que Al-lah esté complacido con él, dio a los devotos del Corán. Dijo: “El que memoriza el Corán debe llorar, estar triste, ser sabio, indulgente y sereno. No debe ser áspero, desatento, perezoso, escandaloso o rudo”.

Al Hasan Al Basri, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, dijo: “En un hombre que busca el conocimiento, pronto se manifestará su ferviente temor a Al-lah en su dignidad, sus dichos, sus miradas y su piedad”.

Cuando el corazón de una persona está vivo y su rostro se adorna con la decencia, se ve impulsado a aferrarse a la dignidad, respeta a otras personas, y estas a su vez también lo respetan, y se caracteriza por la dignidad.

Cuanto más adora y glorifica una persona a su Señor, más lo respeta la gente. Al-lah, el Exaltado, infundirá el amor y el respeto en los corazones de la gente hacia la persona que Lo glorifica y adora con gran devoción.

Por otro lado, quien toma los derechos de Al-lah a la ligera, y la adoración por su Señor se debilita en su corazón, envalentonándolo así para cometer pecados y transgredir Sus límites y descuidar Sus mandatos y obligaciones, Al-lah, Exaltado sea, no infundirá respeto ni temor por él en los corazones de la gente. Incluso si algunas personas lo respetan es para evitar su mal, y esto es un falso respeto que se basa en el odio y no en el amor o en la admiración.

Por último, reflexionemos sobre estos hermosos versos compuestos por un poeta árabe: “Habla con la verdad, abstente de conversaciones vanas y frívolas, no utilices un lenguaje vulgar ni fomentes las sospechas. Sé digno, habla menos y piensa más. Cuando hables, no des discursos prolongados; no te apresures a responder una pregunta sin pensar la respuesta, y no respondas una pregunta que no iba dirigida a ti”.

Pedimos a Al-lah, el Exaltado, que nos adorne con la fe y nos bendiga con la dignidad.

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