Muchas veces escuchamos frases como: “Hemos venido a este mundo para ser felices”; o que buscar la felicidad debe ser el objetivo de nuestras vidas, y se nos enseña que la falta de felicidad es sinónimo de desgracia y miseria. ¿Es realmente la felicidad el mayor bien que podemos desear?
Nadie quiere estar triste, nadie quiere pasar por sufrimientos y calamidades, eso es natural; pero no debemos olvidar que en esta vida jamás podremos alcanzar la felicidad completa, la verdadera felicidad no está en este mundo. Escuché a alguien decir: “En este mundo, siempre estaremos con un pie en el cuento de hadas y otro pie en el abismo”. La felicidad en este mundo es algo pasajero y a medias, y así también es la tristeza y la infelicidad, tampoco son eternas, también son pasajeras, y esa es la buena noticia. Nuestros sufrimientos son solo etapas, momentos, pruebas que, si las pasamos con paciencia, seremos recompensados.
No debemos apartar nuestra vista de la verdadera meta y el verdadero objetivo de nuestras vidas: ganar la complacencia de Al-lah. Y para alcanzar esta gran meta muchas veces tenemos que atravesar por caminos tortuosos. El Corán nos muestra las historias de los profetas para que podamos tomar ejemplo de ellos. Los profetas de Al-lah fueron las personas que se enfrentaron a los mayores sufrimientos y pruebas, pero su gran devoción por Al-lah les dio la fuerza para salir victoriosos. Su convicción de que este mundo es transitorio, de que esta vida es una prueba y de que la verdadera vida y la verdadera felicidad se encuentran junto a Al-lah, los hizo mirar más allá del sufrimiento y del dolor.
La vida del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, estuvo llena de dificultades, pero eso no lo hizo abandonar su misión ni perder su fe en Al-lah. Se ha narrado que cuando el Profeta viajó a Ta’if para predicar allí el mensaje del Islam, fue rechazado, insultado y hasta herido a pedradas, eso lo entristeció, y es que era un ser humano con sentimientos como cualquier otro. Pero, a pesar de su tristeza y decepción, no quiso vengarse, no perdió la esperanza en que algún día la gente de ese lugar aceptarían la verdad. Y todo esto ocurrió en el mismo año en que había perdido a su amada esposa, Jadiyah, y a su amado tío, Abu Talib. También en ese mismo años los musulmanes habían sido desterrados de La Meca y sufrían un boicot terrible por parte de los incrédulos, al punto que no tenían ni para comer. Ese año pasaron tantas desgracias, que fue llamado “el año de la tristeza”. Pero nada hizo que el Profeta y sus seguidores se acobardaran, al contrario, se mantuvieron firmes en la fe, con la certeza de que Al-lah les daría una salida y la victoria final. Sabían que la felicidad es mucho más que un sentimiento, sino que la verdadera felicidad está en hacer la voluntad de Al-lah independientemente de la circunstancias.
- Sección:
Purificación del alma


Artículos

