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La Voluntad (Parte II)

La Voluntad (Parte II)

 

Gastar en lo que complace a Al-lah
 
Hermanos, seamos honestos, hablemos con sinceridad…muchos de nosotros gastan su dinero no en lo que complace a Al-lah, sino en lo que no lo complace. Algunos gastan miles de dólares en actividades vanas, en diversión, en lujos…y, ¡ojo!, no estamos diciendo que gastan en actividades ilícitas y pecaminosas, sino en diversión y lujos. Algunos compramos caras y exquisitas comidas que ni siquiera podemos terminar, y lo que sobra lo arrojamos a la basura; pero si se nos pide que gastemos un solo dólar en la causa de Al-lah, nuestra respuesta es negativa, no tenemos la voluntad de hacerlo, nos mostramos indecisos. ¡Subhaanal-lah, Alabado sea Al-lah! Para estas personas, aquel musulmán que le dice: “Gasta por la causa de Al-lah”, se convierte en la persona más detestable. Seamos honestos con nosotros mismos y analicemos nuestras acciones antes que seamos llamados a rendir cuentas el Día del Juicio. Y uno nunca sabe, puede ser que el Día del Juicio esté cerca, puede ser que al mediodía estés vivo y al llegar la tarde te encuentres ante Al-lah, elevado sea, listo para ser juzgado…no creas que es algo que no te sucederá a ti.
 
La voluntad de Abu Darda
 
Había un discípulo del Mensajero de Allah, sallallahu ‘alayhi wa sallam, uno de sus Sahabas, llamado Abu Darda. Abu Darda poseía un huerto frente a la mezquita del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, en Medina. Al Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, le gustaba entrar en este huerto y beber de su agua y comer de sus frutos. Era el más hermoso huerto y jardín de Medina, Abu Darda se sentía muy orgulloso de su huerto y lo amaba mucho. Cuando Al-lah hizo descender el verso (que se interpreta en español): {No alcanzaréis la piedad verdaderamente hasta que no deis [en caridad] de lo que amáis} [Corán 3:92], Abu Darda fue donde el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y le dijo: “Oh Mensajero de Al-lah, extiende tu mano hacia mí”. Y el Profeta así lo hizo. Luego, Abu Darda le dijo: “Al-lah es testigo de que este huerto es el bien que más amo de entre mis posesiones. Tómalo pues, oh Mensajero de Al-lah, y haz con él lo que desees”. ¡Subhanal-lah, Alabado sea Al-lah! La voluntad de este hombre por practicar las enseñanzas del Corán era tan fuerte, que después de donar el huerto entró en él y encontró en el bolsillo de su hijo un dátil, y le dijo: “Oh hijo, deja este dátil, pues este huerto ya no es nuestro”. ¡Subhanal-lah, Alabado sea Al-lah! La voluntad, la voluntad hermanos.
 
¿Qué es la voluntad?
 
La voluntad de sacrificar algo por Al-lah, y de no dejar que eso que amamos tanto nos controle; y si tienes la voluntad de dar hasta tu vida por Al-lah, encontrarás las fuerzas para hacerlo. Pero cuando el ser humano no tiene la voluntad, aunque tenga conocimiento, lo vemos regateando hasta por un dólar, tacañeando hasta un dólar. Lo vemos tacañeando cinco minutos de su tiempo para realizar la oración, para pedir la Misericordia de Al-lah. No tiene la voluntad para realizar el Wudu y rezar cinco minutos; pero sí tiene la voluntad y las ganas para quedarse hasta la madrugada jugando cartas o conversando banalidades con sus amigos. Seamos honestos, seamos sinceros con nuestras personas… ¡hermanos! Abu Darda escuchó las palabras de Al-lah (lo que se interpreta en español): {No alcanzaréis la piedad verdaderamente hasta que no deis [en caridad] de lo que amáis}[Corán 3:92], y no lo pensó dos veces; no se puso a calcular cuánto iba a perder, no buscó excusas; sino que dijo: “Oh Mensajero de Al-lah, toma mi huerto y haz con él lo que quieras”.

Pero Abu Darda no fue el único en darnos una lección de cómo debe ser el musulmán, no es el único en darnos un ejemplo de cómo ser mejores. Aquí tenemos a otro de los discípulos del Mensajero de Allah, Abdullahi bin Umar, que Al-lah esté complacido con él, quien tenía una esclava romana muy bella y a él le gustaba mucho. Pero cuando escuchó las palabras de Al-lah, le dijo: “Puedes irte, eres libre. Te he liberado por la causa de Al-lah”. Algunas personas le dijeron: “Pero, ¿por qué no te casas con ella?, así la liberas y te quedas con ella como esposa”. Abdullahi bin Umar les respondió: “No lo haré, pues la he liberado única y exclusivamente por la causa de Al-lah, y temo que al casarme con ella alguien dude de la sinceridad de este mi acto”.

 
 
Continúa…
 

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