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La ecología y los valores islámicos (Parte 3)

La ecologيa y los valores islلmicos (Parte 3)

Unicidad y justicia (Tawhid y ‘Adel) 

La unicidad de Al-lah es central en el mensaje coránico, y con esa unicidad viene la justicia perfecta. La idea de que todo en este mundo, de hecho, todo en todos los mundos que nos rodean en espacio y tiempo, y quizás otras dimensiones también, proviene de una sola fuente, es un poderoso mensaje de unidad. Ya que todos nosotros, y todo lo que nos rodea, somos creación del Único Creador, Al-lah, debemos respetar la unidad oculta que vincula a todos con el Único, y reconocer que lo que sea que hagamos a lo que está fuera de nosotros, al final de cuentas nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Si abusamos de otras personas, abusamos de nosotros mismos –aunque todos los efectos de ese abuso no sean aparentes hasta el último día–. De igual forma, si abusamos de la naturaleza, también abusamos de nosotros mismos, y las consecuencias de ese abuso finalmente serán completamente sentidas, y la justicia perfecta será impartida por Al-lah cuando retornemos a Él.
 
Quienes rechazan este conocimiento racionalizan su conducta diciendo: “No voy a frenar mi estilo de vida derrochador ahora, porque esta catástrofe que ustedes predicen probablemente no ocurra durante mi vida”. Ellos no creen que sufrirán todas las consecuencias de sus acciones. Pero el Corán se presenta como una clara advertencia de que esto no será así, amplificando la voz interior de la conciencia de Al-lah establecida en nuestra naturaleza más profunda. Dice el Corán (lo que se interpreta en español): {Todos serán retribuidos por sus obras. Comparecerán ante Al-lah, su verdadero Señor, y sus mentiras se desvanecerán.} [Corán 10:30]
 
Renunciación, ascetismo (Zuhud)
 
Zuhud es una palabra muy difícil de traducir porque el significado más cercano, ascetismo, evoca a los intentos cristianos de “mortificar la carne”. La mortificación implica la autotortura, destinada a hacernos sentir repulsión por nuestra existencia física, terrenal. Sin embargo, el Islam no tiene esta tradición de la autotortura. Zuhud describe un enfoque balanceado y prudente sobre abstenerse del exceso de facilidades, comodidades y búsqueda del placer, para así proteger al alma de adicciones potenciales y que en lugar de esto se vuelva hacia Al-lah. El sabio desapego de Zuhud debe ser practicado no solo por unos cuantos monjes que se autoflagelan en camisas de pelo, sino por todo musulmán. Es por esto que Ramadán es una exigencia universal, no una opción: ayunar es una perfecta lección de moderación y autocontrol, así como de compasión por los menos afortunados. Este moderado y universal Zuhud puede, si Al-lah Quiere, ayudarnos a crear un mundo verdaderamente sostenible, arreglando el orden actual tanto a nivel espiritual como físico (estos dos niveles, por supuesto, están íntimamente conectados). Zuhud nos enseña que renunciar a nuestros excesos es una bendición, no una maldición, especialmente si lo hacemos voluntariamente, en lugar de esperar que los límites naturales dados por Al-lah lo hagan por nosotros. Al practicar el Zuhud, estamos siguiendo una Sunnah muy importante. Aunque fue el líder de una comunidad poderosa y de rápida expansión, el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, vivió y murió en una pequeña casa, apenas amoblada, y no dejó prácticamente ninguna posesión material. Él era moderado en su consumo de comida y bebida, cuidadoso de no desperdiciar una gota de agua cuando realizaba sus abluciones, ayunaba frecuentemente y rezaba devotamente hasta tarde de la noche. Recemos para que pronto la humanidad descubra la sabiduría de su ejemplo.
 
Obligación (Fardh)
 
El Islam prescribe ciertas obligaciones específicas: la oración, el ayuno, dar testimonio de que no existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-lah y de que Muhammad es el Mensajero de Al-lah, dar limosna, y realizar el peregrinaje son las más conocidas. Algunos eruditos consideraron que Fardh involucra tanto las obligaciones generales como las específicas, es decir, obligaciones de Al-lah que tal vez no sean lo suficientemente específicas como para ser impuestas a la comunidad: ser caritativo, justo y misericordioso, recordar a Al-lah; poner a la familia, la comunidad y el planeta antes que uno mismo, etc., pueden ser vistas como obligaciones en el sentido general. En el sentido más común y específicamente legal de Fardh, existen obligaciones que nos conciernen a todos (Fardh ‘Ain), y otras que pueden ser cumplidas por la comunidad entera mediante algunos de sus miembros (Fardh Kifaiah). Debido a que estas obligaciones provienen de Al-lah deben ser tomadas seriamente. Así, el punto de vista del mundo islámico enfatiza la noción de obligación, en contraste con la preocupación occidental por el individualismo y los derechos a expensas de las obligaciones y las responsabilidades.

La noción de obligación es obviamente esencial para cualquier intento de salvar nuestro medio ambiente. Si somos gobernados por el principio de los “derechos” individuales, no vamos a querer infringir el “derecho” a consumir más y más bienes materiales de nadie –y de talar árboles, hacer excavaciones, exterminar animales, arrojar contaminantes y saquear los ecosistemas en busca de sus utilidades–. Una ética basada en las obligaciones antes que en los derechos, como al ética islámica, parece más adecuada para un mundo en el que hay más de seis billones de personas persiguiendo su “derecho” al consumo material ilimitado, lo cual augura la destrucción del planeta entero. En particular, la obligación de los afortunados de cuidar de los menos afortunados, debe ser universalmente reconocida si pretendemos limitar el consumo mundial de forma humana y racional. Es evidente que la ética islámica de la obligación es la más adecuada para salvar el mundo corrigiendo el desbalance occidental, y especialmente americano: la ética de los “derechos”, cuya línea de fondo es el derecho de los ricos y poderosos al consumo ilimitado de los recursos del planeta.

La ecología y los valores islámicos (Parte 1)

La ecología y los valores islámicos (Parte 2)

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