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Évitar el combate y constrir la comunidad (Parte 1)

Evitar el combate y constrir la comunidad (Parte 1)

 

Los musulmanes deseaban defenderse a sí mismos. La pasividad con que vivían enfadó a algunos de ellos, sobre todo a los jóvenes, pues ‘Abdur-Rahman ibn ‘Awf y sus compañeros  fueron al Profeta, sallallahu‘alayhi wa sallam, en La Meca y dijeron: ¡Oh Profeta de Al-lah! Teníamos poder cuando éramos incrédulos, y ahora que hemos abrazado el Islam, somos humillados. Así que el Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, dijo: “He ordenado que les toleremos; así que hoy no les combatáis”
Algunos investigadores buscaron la sabiduría divina divina en cuanto a evitar la lucha armada en La Meca; uno de aquellos fue Saied Qutb, que Al-lah le dé Su perdón. Pues dijo: No podemos afirmar con certeza lo que hemos logrado deducir, porque así alegaríamos lo que sólo Al-lah Sabe si no nos Muestra la sabiduría de ello, o supondríamos causas y razones que quizás no sean las correctas, o quizás lo sean.
Este es el estado del creyente ante cualquier precepto, o cualquier sentencia de la Shari‘ah: el sometimiento absoluto; ya que Al-lah, Glorificado Sea, Es Al ‘Alim (El Omnisciente), Al Jabir (Quien Está bien Informado). Asó pues; decimos que esta enseñanza y estas causas son como una opinión fruto del esfuerzo personal y una mera posibilidad, porque nadie sabe la verdad sino Al-lah, y Él no la Determinó ni Reveló a nosotros en un texto claro.
Entre estas causas y enseñanzas podemos citar sumariamente:
Evitar la lucha en La Meca puede haber sido porque el período mecano era un período de educación y preparación en un ambiente determinado, para un pueblo determinado dentro de unas condiciones determinadas. De los objetos de la educación en tal ambiente tenemos: enseñar al individuo árabe a tener paciencia en lo que normalmente no aguanta, como es el caso con la injusticia a la que se enfrentaban o con quienes les dañaban, para que renuncien a su personalidad y dejen de lado su identidad; de modo que no se precipite ni se agite de inmediato. Y de esa manera moderarse en su naturaleza y su movimiento. Luego se debe educarle a seguir el sistema de la nueva sociedad con las órdenes del nuevo liderazgo, de modo que no haga sino lo que se le ordena, aunque que esto contradiga sus tradiciones y costumbres. Esto fue la primera piedra en preparar la personalidad del árabe musulmán para construir la sociedad musulmana.
 
Eso puede ser también porque Ad-Da‘wah pacífica es más eficaz en un ambiente como el de Quraish; soberbio y noble. Además, tal vez el luchar contra los Quraish, en este período, llevara al incremento de la obstinación y la existencia de nuevas venganzas sangrientas, igual a las famosas de los árabes como: Dahis y Al Gabra’ y la guerra de Al Basus. En ese momento, el Islam se hubiera convertido en una Da‘wah de venganzas y a causa de eso se hubiera olvidado su idea principal.
 
Puede ser también que eso ocurrió para evitar de incitar una batalla y matanza dentro de cada casa, ya que en ese entonces no había un poder organizador general que torturaba a los creyentes, sino que esto estaba asignado a los tutores de cada individuo. Permitir la lucha, en tal ambiente, hubiera significado que hubiera una batalla y matanza en cada casa, luego se diría: este es el Islam, y eso se dijo aun cuando el Islam ordenó no luchar.
Así pues, la propaganda de Quraish en aquellas temporadas era que Muhammad separaba entre el padre y su hijo, además de separar su pueblo y tribu. Entonces ¿Qué pasaría si, en dicha situación, ordenase el Islam al hijo combatir a su padre y al siervo combatir a su señor?
 
Quizás eso pasó también porque Al-lah Conocía que muchos de los rebeldes quienes acosaban a los musulmanes para dejar su religión y les torturaban, eran los mismos quienes iban a ser los soldados fieles del Islam, sino sus líderes. ¿Acaso no era ‘Umar ibn Al Jattab, que Al-lah esté complacido con él, uno de ellos?
 
Puede ser también porque era costumbre de los árabes en un ambiente tribal levantarse a favor del oprimido que soportaba la injusticia sin retroceder, sobre todo si el perjuicio caia sobre los nobles de entre su gente. Ocurrieron muchas situaciones que prueban la validez de esta teoría en este ambiente, pues Ibn Ad-Diginnah no aprobó que Abu Baker, que Al-lah esté complacido con él, que era un hombre noble, emigrara y saliera de La Meca, considerando este hecho como vergüenza para los árabes; por tanto, le ofreció su protección. La última de estas situaciones fue romper el acuerdo del bloqueo a Banu Hashim en el desfiladero de Abu Talib.
 
Esto puede ser también por la escasez del número de los musulmanes en ese entonces, y su limitación a La Meca, ya que Ad-Da‘wah no alcanzó el resto de la Península o la alcanzó, pero de una forma difusa; puesto que las tribus adoptaron la neutralidad en un combate interno entre Quraish y unos de sus hijos, para ver la conclusión de la situación, ya que en este caso puede que la lucha limitada acabara con matar a los pocos musulmanes, aun si ellos mataran el doble de los que se iban a combatirles. De este modo, Ash-Shirk (Politeísmo) permanecería y el Islam no tendría un sistema ni una existencia real en la tierra. El Islam es una religión que vino para ser un método de vida y un sistema para la vida mundanal y la Última.
 
No había una necesidad imprescindible para sobrepasar todas estas consideraciones, ordenar luchar y repeler el perjuicio; ya que la orden principal en esta Da‘wah era existente y real, o sea (La existencia de Ad-Da‘wah), y su existencia en el personaje del llamador al Islam: Muhammad, sallallahu ‘alayhi wa sallam, y su carácter para proteger las espadas de Banu Hashim; de modo que ninguna mano se extendiera hacia él sino que se la amenace con cortarla; por eso, nadie se atrevía a impedirle difundir su Da‘wah en las reuniones de Quraish alrededor de Al Ka‘bah, sobre el monte de As-Safa y en las reuniones públicas. Además, nadie se atrevía a ponerlo en la cárcel o matarlo, u obligarle a decir algo determinado.
 
Todas estas consideraciones, según lo que creemos, eran algo de la Sabiduría de Al-lah, en cuanto a ordenar a los musulmanes abandonar la lucha, realizar la oración y pagar Az-Zakah, para educarles y prepararles, y para que los musulmanes esperaran la orden del liderazgo, en el momento adecuado, y para separarse a sí mismos del asunto por completo, para que fuera sincero y por la causa de Al-lah.
Los Sahabah, que Al-lah esté complacido con ellos, aprendieron del Noble Corán la jurisprudencia (Fiqh) de lo beneficioso y lo perjudicial, y cómo tratar con esta jurisprudencia en la vida real. Al-lah, el Altísimo, Dice (lo que se interpreta así en español): {No insultéis a quienes invocan a otras [divinidades] en lugar de Al-lah, no sea que reaccionen hostilmente e insulten a Al-lah sin tener conocimiento [acerca de lo que dicen]. Así es como Hemos hecho que parezcan buenas sus obras a cada pueblo, más finalmente todos comparecerán ante Él y les Informará de lo que hacían} [Corán 6:108]. 
Así, los Sahabah, que Al-lah esté complacido con ellos, aprendieron que si la búsqueda de lo beneficioso lleva a un perjuicio más grave, entonces debe dejarse de lado. Esto incluye educación moral y elevación de la fe, además de librarse de seguir las morales de los tontos e ignorantes y sus corazones que no conocen a Al-lah, Enaltecido Sea, que no lo veneran.
Los ulemas mencionaron que esta regla continua vigente, sin importar la época. Consiguientemente está prohibido insultar los símbolos religiosos de las demás religiones, para así no desencadenar una guerra de insultos recíprocos entre los seguidores de dicha religión y los musulmanes. Si un musulmán lo hace, se considerará como incitar a cometer un pecado.
Quien contempla la etapa de La Meca, que duró trece años, se da cuenta que todo el esfuerzo era canalizado en educar, enseñar e inculcar el concepto principal de que nada ni nadie merece ser adorado sino Al-lah, comprende la importancia de esta doctrina respecto a no tener prisa y anticipar el tiempo, pues la doctrina necesita una inculcación que se encarga del cuidado, la atención y la perseverancia; de modo que la prisa y el caos no existan.
Sería mejor que los divulgadores del Islam reflexionen sobre la educación del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, a sus Sahabah  sobre esta doctrina, tomando el buen ejemplo y la enseñanza de ella; ya que nadie se enfrenta a Al Yahiliah, sea antigua, moderna o futura, sino unos hombres cuyos corazones están felices por la doctrina divina y At-Tawhid llena sus almas.

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