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Él señor de los memorizadores: Abu Hurairah

El señor de los memorizadores: Abu Hurairah

Se trata del noble sahabi Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él. Antes de ser musulmán, su nombre era Abdesh-Shams (Siervo del Sol). Después que se islamizó, el Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, lo llamó Abdur-Rahmán (Siervo del más Misericordioso) y le dio el apodo de Abu Hurairah (el padre del gatito).
La razón de este apodo es algo anecdótico. Abdur-Rahmán, que Al-lah esté complacido con él, era famoso por su piedad para con los animales y tenía un gatito al cual cuidaba con cariño. El gatito lo acompañaba a todas partes y la gente lo llamaba Abu Hurairah. El Mensajero de Al-lah, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, solía dirigirse a él también por su apodo. Se relató en un hadiz que el Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, le dijo: “Ven aquí, Abu Hurairah” (Bujari).
Abu Hurairah, Que Al-lah esté complacido con él, nació en la tribu árabe de Daws. Se islamizó el año de la conquista de Jaibar (7 Hiyri). Solía acompañar al Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, por largos periodos para aprender de él.
Abu Hurairah invitó a su madre al Islam varias veces, pero ella se rehusó. Un día él la estaba invitando al Islam y ella se rehusó y habló mal del Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él. Entonces, Abu Hurairah, Que Al-lah esté complacido con él, fue ante el Profeta, llorando y le dijo: “Mensajero de Al-lah, invité a mi madre al Islam pero ella rechazó la invitación. Hoy la volví a invitar pero ella dijo cosas malas de ti que me disgustaron. Pídele a Al-lah que guíe a la madre de Abu Hurairah”. El Mensajero de Al-lah, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Oh Al-lah, guía a la madre de Abu Hurairah al buen camino”. Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, se marchó optimista por la plegaria del Profeta y dijo: “Cuando me acercaba a la puerta noté que estaba cerrada por dentro. Mi madre oyó mis pasos y dijo: ‘¡Espera, Abu Hurairah!’; y oí el sonido del agua. Ella se había bañado y vestido con tanta prisa se olvidó de ponerse su velo. Luego abrió la puerta y dijo: ‘Abu Hurairah, doy testimonio de que nadie merece ser adorado sino Al-lah y que Muhammad es Su siervo y Mensajero’”.
Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, agregó: “Volví con el Mensajero de Al-lah, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, derramando lágrimas de alegría, y dije: ‘Mensajero de Al-lah, alégrate, pues Al-lah ha escuchado tu plegaria y ha guiado a la madre de Abu Hurairah al camino recto’. El Profeta glorificó y alabó a Al-lah con buenas palabras. Luego dije: ‘Mensajero de Al-lah, suplica a Al-lah para que Abu Hurairah y su madre sean amados por los siervos de Al-lah y para que nosotros los amemos también’. El Mensajero de Al-lah, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: ‘Oh Al-lah, haz que este, Tu siervo, y su madre (Abu Hurairah y su madre) sean amados por Tus siervos creyentes y que ellos amen a Tus siervos creyentes’. Esta plegaria fue escuchada por Al-lah Todopoderoso, tanto así que casi todo creyente que oyó hablar de mi me amaba” (Muslim).
Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, gustaba de combatir por la causa de Al-lah (la justicia). Participó de varias batallas, en varios círculos de estudio y acompañó mucho al Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, era el sahabi que más lo acompañaba. Fue el que memorizó más hadices del Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él.
Uno de los sahabah dijo de él: “Abu Hurairah relató muchos hadices; los muhayirún (emigrantes de La Meca) y los ansár (musulmanes de Medina) no relataron tantos como él”. El solía responder a esto diciendo: “Mis hermanos de los ansár estaban ocupados con el cultivo de sus tierras, y mis hermanos de entre los muhayirún estaban ocupados con el comercio. Yo servía al Mensajero de Al-lah, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, a cambio de algo para comer; así que yo presencié cualquier situación cuando ellos estaban ausentes y la guardaba en mi memoria si ellos la olvidaban. El Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: ‘Quien extiende su capa mientras hablo y luego, cuando termine, la enrolla (alrededor de su cuerpo) no olvidará nada de lo que escuchó de mí’. Así que yo extendí mi capa que tenía puesta y, ¡por el que mandó a Muhammad con la verdad!, nunca olvidé nada de lo que escuché de sus palabras” (Muslim).
Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, también dijo: “Si no fuese por dos aleyas del Corán no habría relatado nada. Al-lah, el altísimo, dijo: {Quienes ocultan a la gente las evidencias y la guía que he revelado luego de haberlas evidenciado en el Libro, serán malditos por Dios y toda la creación, excepto quienes se arrepientan, reparen y aclaren [lo que habían ocultado]. A ellos les aceptaré su arrepentimiento, porque Yo soy el Indulgente, el Misericordioso}” [Corán 2:159,160].
Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, tenía una memoria excelente y podía memorizar rápidamente sin olvidar. Ash-Shafi’i, Al-lah lo tenga en su gracia, dijo de él: “Es la persona que más hadices memorizó en su época”. Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, dijo de sí mismo: “Nadie sabe más hadices del Profeta, que la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, que yo, excepto Abdul-lah Ibn ‘Amr, pues él los escribía y yo no”.
Le agradaba la ciencia y sus estudiantes solían visitarlo hasta que llenaban su casa. Era muy estimado por su conocimiento. Un día extendió sus piernas y dijo: “Entramos en la casa del Mensajero de Al-lah, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, y la fuimos llenando mientras él estaba recostado. Cuando nos vio, dobló sus piernas y dijo: ‘Después de mi partida vendrán a ustedes personas buscando conocimiento. Así que recíbanlos, salúdenlos y enséñenles”’ (Ibn Mayah),
Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, era extremamente pobre y solía atarse una roca a su estómago por la extrema hambre que padecía. Dijo: “¡Por Al-lah! Yo solía echarme de barriga en el suelo por el hambre y a veces me ponía una piedra sobre mi vientre por el hambre. Un día me senté por donde pasa la gente. Cuando pasó Abu Baker, que Al-lah esté complacido con él, le pregunté por una aleya del Corán y mi único propósito era probar si tal vez él me invitaba a comer, pero él siguió su camino y no me invitó. Luego Omar, que Al-lah esté complacido con él, pasó y le pregunté por una aleya del Corán, siendo mi único propósito probar si tal vez él me invitaba a comer, pero él siguió su camino y no me invitó. Finalmente, Abul Qásim (el Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él) pasó por allí y supo por mi cara que pasaba hambre. Dijo: ‘Abu Hurairah’, y yo respondí: ‘Sí, Mensajero de Al-lah’. Luego dijo: ‘Sígueme’. Luego entró a su casa; yo pedí permiso para entrar y él me lo dio. Él encontró leche en una vasija y preguntó: ‘¿De dónde es esta leche?’; le respondieron: ‘La trajo tal y tal persona (o: ‘tal y tal familia’)’. El Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: ‘¡Padre del gatito!’; yo respondí: ‘Sí, Mensajero de Al-lah’; y él dijo: ‘Dile a la gente del cobertizo (Ahl As-Suffa) que vengan a verme’. La gente de Suffa eran huéspedes del Islam, que no tenían familia ni recursos ni quién los mantenga, y cada vez que se le entregaba una caridad al Mensajero de Al-lah, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, se las mandaba a ellos sin tomar nada de ella; y cuando se le daba un regalo, él les mandaba parte a ellos y él tomaba parte de su regalo. Esto me entristeció, pues yo deseaba tener parte de la leche para tener fuerzas por el resto del día. Cuando la gente llegó les di parte de la leche. Pensaba cuánto me quedaría de esa leche; pero igual debía cumplir el mandato de Al-lah y Su Mensajero, así que los llamé y ellos vinieron y pidieron permiso del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, para ser admitidos. Entraron en la casa y se fueron sentando. El Profeta, la paz y bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: ‘Padre del gatito’; yo respondí: ‘Sí, Mensajero de Al-lah’. Él dijo: ‘Toma la leche y dáselas’. Yo tomé el recipiente y le fui dando a cada uno para que bebiera hasta saciarse. Cuando todos bebieron hasta saciarse, yo puse el recipiente frente al Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, y aún quedaba un poco de leche. Él sonrió y me dijo: ‘Padre del gatito’; yo respondí: ‘Sí, Mensajero de Al-lah’. Él dijo: ‘Quedamos solo tú y yo’. Yo respondí: ‘Tienes razón, Mensajero de Al-lah’. Él dijo: ‘Siéntate y bebe’. Yo me senté y bebí. Dijo nuevamente: ‘¡Bebe!’, y yo bebí. Así me repetía que beba hasta que dije: ‘No, por Al-lah que te envió con la verdad. No tengo más espacio para la leche en mi estómago’. Entonces me dijo: ‘Pásame el recipiente’, y se lo pasé, entonces él bebió el resto de la leche’ (Bujari).
Al-lah Todopoderoso honró a Abu Hurairah por su fe y su lealtad a Al-lah y Su Mensajero, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Acabó casándose con la mujer para la cual trabajaba antes de ser musulmán.
Sobre esto dijo: “Fui criado como huérfano, migré como un hombre pobre y fui contratado por Busra Bint Ghazwán a cambio de comida. Solía servir a su gente cuando acampaban y caminaba llevando las riendas de sus monturas cuando viajaban. Alabado sea Al-lah por hacer de la religión un medio para hacer justicia, e hizo de Abu Hurairah un Imam”.
Durante el califato de Omar Bin Al Jattáb, que Al-lah esté complacido con él, Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, fue designado gobernador de Bahrein. También fue vicegobernador de Medina cuando Marwán Ibn Al Hakam era su gobernador. A pesar de esto, solía reunir leña y venderla en el Mercado.
Solía recomendar el bien y prohibir el mal a la gente. Una vez, pasaba por un mercado y vio a la gente preocupada por asuntos mundanos. Así que se paró en medio del mercado y gritó: “¡Gentes! ¡La herencia del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, está siendo distribuida mientras ustedes están aquí! ¿Por qué no van a tomar su parte?”; la gente le preguntó: “¿Dónde es eso?”, y él les respondió: “En la mezquita”. La gente se fue de prisa a la mezquita y luego volvió. Él les preguntó: “¿Por qué se volvieron?”; ellos le dijeron: “Abu Hurairah; entramos a la mezquita y no vimos nada siendo distribuido”. Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, les dijo: “¿Y qué vieron?”; la gente le respondió: “Vimos a unos rezando, a otros recitando el Corán, y a otros aprendiendo lo que está permitido y lo que está prohibido”. Abu Hurairah, que Al-lah esté complacido con él, les dijo: “Esa es la herencia de Muhammad”.
Lo único que le interesaba en esta vida mundana era complacer a Al-lah y el amor de Sus siervos musulmanes, y fue así hasta que murió. Cuando agonizaba, él lloraba por la ansiedad de encontrarse con su Señor. Cuando le preguntaron por la razón de sus lágrimas, él dijo: “Por la poca provisión y lo largo del viaje”. También dijo: “¡Al-lah! Yo amo encontrarme contigo, así que Tú ama encontrarte conmigo”.
Murió el año 59 H., y algunos dicen el 57 H. a la edad de 78 años. Fue enterrado en el cementerio de Al Baqui’ después de difundir conocimiento por la Tierra y relatar más de 5.000 hadices.

 

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