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Derecho a la defensa (parte 1)

Derecho a la defensa (parte 1)
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Si no fuera porque Al-lah repele la agresión y los planes maléficos de quienes intentan acabar con Sus siervos por medio de la defensa legítima, el mundo sería una jungla salvaje. Este es el mensaje que contiene la aleya en la que Al-lah dijo: {Si Al-lah no hubiera permitido que la gente se defendiera, la Tierra estaría llena de corrupción, pero Al-lah concede Sus gracias a todos los seres} [Corán 2:251], curiosamente con este verso es que concluye la historia de Saúl, quien fue designado por Al-lah como rey de los israelitas, quien, en defensa, luchó con sus enemigos y finalmente terminó la batalla, cuando David mató a Goliat.

Esta aleya descubre una norma que se repite a lo largo de la historia, la defensa. En otro aparte del Corán, muy parecido al verso en mención, Al-lah dice: {Si Al-lah no se hubiera servido de algunas personas [creyentes] para combatir a otros [incrédulos], se habrían destruido monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas, en donde se recuerda frecuentemente el nombre de Al-lah. Al-lah socorre a quien se esfuerza denodadamente por Su religión. Al-lah es Fuerte, Poderoso} [Corán 22:40]. Esta norma es por medio de la cual Al-lah protege a todos Sus siervos de que sean aniquilados en la lucha eterna entre la verdad y la falsedad, por eso finalizó la primera aleya diciendo: {[…] pero Al-lah concede Sus gracias a todos los seres}. Quienes están de parte de la verdad y la defienden de la falsedad y la injusticia, dependen del apoyo de Al-lah, así lo aclaró al finalizar la segunda aleya cuando dijo: {Al-lah socorre a quien se esfuerza denodadamente por Su religión. Al-lah es Fuerte, Poderoso}.

Es interesante destacar que al reflexionar sobre el primer verso que pertenece a la segunda sura del Corán, Al Baqara, nos encontramos con el desenlace honorífico para David, la paz de Al-lah sea con él: {Los derrotaron con el permiso de Al-lah, y David mató a Goliat. Al-lah le concedió [a David] el reino y la sabiduría, y le enseñó cuanto Él quiso}. ¿Qué papel jugaría entonces David en el establecimiento de las normas que aseguren la victoria repeliendo la agresión y la injusticia? Sin lugar a duda uno muy grande, pero no solo él, sino su hijo Salomón, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con ambos. Las reglas generales que determinan la lucha constante y eterna entre la verdad y la falsedad quedaron enmarcadas en la historia de estos dos grandes profetas de Al-lah.

La mayor parte y la más interesante de esta historia la encontramos en la sura Sad, la cual es precedida por aleyas que confirman la norma de la defensa, pero, además, la norma de la disputa entre la verdad y la falsedad, batalla que no tiene tregua. Dijo Al-lah: {Sad. Juro por el Corán que nos recuerda que los que niegan la verdad están hundidos en la soberbia y la oposición [ciega]. ¡Cuántas generaciones destruí antes que ellos! Solo imploraron cuando ya era demasiado tarde para salvarse [del castigo]. Se asombran de que les llegue un amonestador, y dicen los que se niegan a creer: "Es un hechicero mentiroso. ¿Acaso pretende que en lugar de muchos ídolos adoremos a una sola divinidad? Eso es algo insólito". Los nobles y poderosos de entre ellos se marcharon diciendo: "Déjenlo, y sigan [adorando] a sus ídolos, pues él solo pretende obtener poder sobre nosotros. No hemos oído que el último pueblo que recibió una revelación [los cristianos] creyera en esto. Lo que dices es una gran mentira. ¿Por qué tendría que haber sido él el elegido entre nosotros para transmitir el Mensaje?" Pero ellos dudan de Mi revelación porque no han sufrido aún ningún castigo. ¿Acaso ellos poseen las llaves de la misericordia de tu Señor, el Poderoso, el Dadivoso? ¿O les pertenece el reino de los cielos, la Tierra y todo cuanto existe entre ambos? Si es así, que asciendan [al cielo y decidan los asuntos de la creación]. [No te entristezcas, ¡oh, Muhammad!, por su enemistad.] Ellos son un ejército de aliados [para combatir la Verdad], pero pronto serán derrotados. Ya antes que ellos los pueblos de Noé, de ‘Ad y del Faraón, poseedor de un ejército poderoso, desmintieron [a los Profetas que les envié]. También lo hicieron los pueblos de Zamud, Lot y los habitantes del bosque. Todos estos eran pueblos poderosos. Todos ellos desmintieron a los Mensajeros, y merecieron Mi castigo. Solo les queda [a los idólatras] esperar el toque de la trompeta [el Día de la Resurrección], y entonces no habrá posibilidad de volver [a este mundo]. Pero aun así dicen [burlándose desafiantes]: "¡Señor nuestro! Muéstranos el registro de nuestras obras y adelántanos una parte del castigo antes del Día del Juicio". Sé paciente [¡oh, Muhammad!] ante lo que dicen, y recuerda a Mi siervo [el Profeta] David, quien fue dotado con una gran fuerza. Él siempre volvía a Al-lah en todos sus asuntos y se arrepentía con sinceridad} [Corán 38:1-17]. 

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